La situación política de Venezuela dio un giro radical tras la captura del presidente Nicolás Maduro en una operación ejecutada por Estados Unidos, un hecho que, según el análisis del exanalista senior de la CIA y experto en inteligencia Ron Aledo, constituye una “operación de decapitación” destinada al cambio de régimen en el país sudamericano.
De acuerdo con el documento, la acción fue el resultado de una planificación prolongada que combinó operaciones de inteligencia, contrainteligencia y una intervención militar altamente coordinada. El objetivo principal habría sido sustituir al gobierno de Maduro por una administración alineada con los intereses de Washington y fácilmente controlable desde el exterior.
Una operación militar y de inteligencia sin precedentes
En el plano táctico-operacional, la operación incluyó la neutralización de defensas aéreas, el uso de helicópteros y la colaboración de sectores internos del aparato militar venezolano. Según Aledo, la CIA habría trabajado durante meses —o incluso años— reclutando y comprando lealtades de generales, funcionarios y personal cercano al entorno de Maduro, lo que facilitó su captura en cuestión de horas.
Un elemento clave fue la presencia de agentes de inteligencia cubanos, considerados la última línea de defensa del mandatario venezolano. El gobierno de Cuba confirmó la muerte de 32 militares cubanos durante la operación y decretó dos días de luto oficial. Estos efectivos, pertenecientes a fuerzas armadas y servicios de inteligencia, cumplían misiones en Venezuela a solicitud del gobierno de ese país.
Cuba, Venezuela y una alianza estratégica debilitada
El documento subraya que la alianza entre Cuba y Venezuela, forjada desde la época de Hugo Chávez y Fidel Castro, se basaba en un intercambio estratégico: petróleo y recursos venezolanos a cambio de servicios de inteligencia cubanos. La caída de Maduro supone un golpe severo para La Habana, que dependía en gran medida del suministro energético venezolano.
Según el análisis recogido, Estados Unidos y su secretario de Estado, Marco Rubio, apostarían ahora por una estrategia de asfixia económica para provocar el colapso del sistema cubano en un plazo de uno a dos años, sin necesidad de una intervención militar directa.
Delcy Rodríguez y el escenario de transición en Venezuela
Tras la captura de Maduro, Delcy Rodríguez asumió el papel de presidenta encargada con el respaldo del alto mando chavista. El documento plantea que Estados Unidos maneja dos escenarios:
Plan A: mantener a Rodríguez como una presidenta “títere”, condicionando su permanencia al cumplimiento estricto de directrices estadounidenses, especialmente en materia de control del petróleo y reestructuración del gobierno.
Plan B: un eventual golpe militar interno, apoyado por sectores ya comprometidos con Washington, si la cooperación no se mantiene.
Este periodo transicional, según el análisis, podría extenderse varios meses antes de considerar un proceso electoral limitado.
Reacciones internacionales y repercusiones regionales
China, Rusia e Irán, países con intereses económicos y estratégicos en Venezuela, han rechazado la operación, aunque se prevé que intenten minimizar pérdidas y preservar inversiones mientras el nuevo equilibrio de poder se consolida. No obstante, el documento señala que estas potencias evitarían una confrontación directa con Estados Unidos en su área de influencia.
El impacto de la operación también se extiende a México. Las acusaciones judiciales contra Maduro incluyen supuestos vínculos con operaciones de narcotráfico realizadas desde territorio mexicano entre 2006 y 2008, lo que ha generado tensiones políticas y mediáticas. Según el análisis, estas imputaciones forman parte de una estrategia de presión más amplia de Washington hacia México, centrada en el combate al narcotráfico y la reducción de la influencia económica china en el país.
Un nuevo equilibrio de poder
El documento concluye que Venezuela entra en una etapa en la que el control efectivo del país se ejercería de forma indirecta desde Washington, mientras se reorganiza el aparato político interno. La promesa de una transición democrática queda supeditada a la completa desarticulación del chavismo y a los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región.
