El avión sufrió un descenso de 4.000 metros en menos de 30 segundos. Azafatas y pasajeros, incluidos dos pilotos que viajaban como tripulantes de reserva, lograron reducir al agresor y evitar la tragedia.
MEDIO ORIENTE. – Un vuelo de FlyDubai con destino a Tel Aviv se convirtió en el escenario de una pesadisa situación de seguridad aérea que las autoridades israelíes ya investigan como un presunto atentado terrorista. El incidente se desencadenó cuando el copiloto de la aeronave atacó físicamente al comandante dentro de la cabina de mando, provocando que el avión entrara en una caída libre que puso en riesgo la vida de los 180 ocupantes.
Según registros de FlightRadar y testimonios recogidos en la transcripción de los hechos, la aeronave descendió aproximadamente 4.000 metros en tan solo 30 segundos, alcanzando velocidades cercanas a la del sonido y sufriendo daños estructurales severos en la cola debido a la maniobra brusca y la presión aerodinámica.
Códigos de emergencia y caos en la cabina
La situación alertó inmediatamente a los controles aéreos. La tripulación activó el código 7500 en el transpondedor, la señal universal que indica «secuestro» o «interferencia ilícita», seguido del código 7700 de emergencia general.
Pasajeros en la cabina reportaron gritos desgarradores y la frase «Dios es grande» (Allahu Akbar) siendo repetida por el agresor. El atacante, quien presuntamente utilizó un hacha de emergencia —herramienta reglamentaria en la cabina para romper ventanillas en casos de humo o fuego— para agredir al piloto al mando, dejó al comandante incapacitado, lo que obligó a la aeronave a entrar en picada.
La «Regla de los Dos» y la brecha de seguridad
Ezequiel Sicardi, consultor aeronáutico y piloto, explicó que este caso expone una vulnerabilidad crítica en los protocolos de seguridad implementados tras el 11 de septiembre. «La industria está preparada para evitar que extraños entren a la cabina, pero no para una interferencia ilícita proveniente de un propio piloto», señaló Sicardi.
A diferencia del caso de Germanwings, donde el copiloto encerró al comandante fuera para estrellar el avión, aquí la amenaza ya estaba dentro. Sin embargo, el protocolo de seguridad que impide que la cabina quede con un solo piloto (la «regla de los dos») fue clave, aunque en este escenario el agresor era uno de los dos autorizados.
El rescate heroico
El desenlace fatal fue evitado gracias a una combinación de protocolos y valentía civil:
- La Azafata: La jefa de cabina, quien había recibido el código de acceso de emergencia durante el briefing previo al vuelo, logró ingresar a la cabina blindada.
- Pasajeros Pilotos: A bordo viajaban dos pilotos certificados para el Boeing 737 Max que se trasladaban como pasajeros («deadheading»). Estos lograron tomar los controles y estabilizar la aeronave.
- Intervención Civil: Un pasajero israelí, descrito en medios internacionales como un «héroe», junto con otros viajeros, logró reducir al atacante tras una violenta lucha dentro de la pequeña espacio de la cabina.
Aterrizaje de emergencia y daños
A pesar de que el avión no se despresurizó (por lo que las mascarillas de oxígeno no cayeron automáticamente), la tensión fue máxima. La aeronave, con daños en el radar de cola y el fuselaje comprometido por el estrés estructural de la caída, logró aterrizar de emergencia en el aeropuerto Ben Gurión.
La embajada de Israel ha emitido un comunicado considerando el hecho como un atentado terrorista, mientras se investiga si el copiloto, de origen omaní pero con presuntas conexiones ocultas, actuó como un «lobo solitario» o bajo instrucciones de una organización.
Este incidente ha reabierto el debate sobre los controles psicológicos a las tripulaciones y la dificultad de detectar radicalizaciones o brotes psicóticos en personal con acceso a las cabinas de mando.



