miércoles, agosto 26, 2026
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El crédito hipotecario y la contradicción del gobierno de Milei

Hay anuncios económicos que permiten medir la distancia entre el discurso político y la realidad. Y el anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre los créditos hipotecarios es uno de ellos.

Porque Caputo acaba de decir algo que, hasta hace poco, parecía incompatible con el credo económico del gobierno de Javier Milei: que el crédito hipotecario es “justicia social”, que permite el ascenso social y que además puede convertirse en un motor para reactivar la economía.

¿Escucharon bien? ¿Justicia social?

El mismo gobierno que durante meses convirtió esas palabras en una especie de insulto ideológico ahora reconoce que una familia que trabaja y puede acceder a una vivienda necesita del sistema financiero, necesita crédito y necesita determinadas condiciones que el mercado, por sí solo, evidentemente no está generando.

Y acá aparece la primera gran contradicción.

El Gobierno dice que el Estado debe retirarse de la economía. Pero ahora el propio Estado va a intervenir para poner $2 billones en los bancos a plazos más largos, con el objetivo de que esas entidades puedan otorgar créditos hipotecarios. El dinero se licitará y tendrá condiciones para que sea destinado a préstamos para vivienda. Es decir: cuando el mercado no alcanza, aparece el Estado.

Entonces hay que preguntarse: ¿qué cambió? ¿Cambió la ideología del Gobierno o cambió la realidad económica?

Porque mientras el Presidente insiste en que la economía está funcionando maravillosamente, su ministro de Economía está anunciando medidas para reactivarla.

Y eso es lo verdaderamente importante.

El propio diagnóstico que acompaña el anuncio reconoce un problema estructural: los argentinos ahorran fuera del sistema financiero, los depósitos son de corto plazo y los bancos tienen dificultades para financiar préstamos a 20 o 30 años. A eso se suma otro problema todavía más grave: los ingresos de los trabajadores están muy lejos del valor de una vivienda.

Entonces, ¿de qué sirve anunciar crédito hipotecario si una enorme parte de los trabajadores no tiene ingresos suficientes para acceder a él?

Porque ahí está la otra cara de la noticia.

El anuncio habla de hasta 18.000 créditos en el mejor de los casos, en un país con un déficit habitacional de millones de personas. Y además estamos hablando de créditos UVA, que se actualizan por inflación y pueden incorporar tasas de interés de hasta el 7,5%. El ejemplo presentado por el Gobierno muestra una cuota inicial cercana a los 865.000 pesos durante 25 años para determinado monto financiado.

Entonces, seamos serios: esto puede ser una herramienta financiera interesante para determinados sectores, pero está muy lejos de resolver el problema habitacional de los argentinos.

Y acá aparece el contraste con La Rioja.

Mientras Nación descubre ahora que el Estado puede intervenir para facilitar el acceso a la vivienda y dinamizar la economía, la Provincia viene sosteniendo una concepción diferente: utilizar las herramientas del Estado para acompañar a las familias, generar soluciones habitacionales y sostener políticas públicas allí donde el mercado no alcanza.

No se trata de decir que La Rioja tenga resuelto el problema. Sería absurdo afirmarlo. El déficit habitacional existe y es enorme. Pero hay una diferencia conceptual: si una familia no puede acceder al mercado, el Estado no puede simplemente mirar desde afuera y decir “arreglate”.

La vivienda no es solamente una mercancía. Es el lugar donde una familia construye su vida, donde crecen los hijos y donde se consolida el patrimonio de generaciones.

Por eso resulta llamativo que un gobierno que descalificó durante tanto tiempo la idea de justicia social termine utilizando exactamente ese argumento para defender una política de crédito.

Quizás la realidad económica está obligando al Gobierno a hacer algo que su propio discurso le impedía reconocer: el Estado también sirve para corregir las fallas del mercado.

Y si eso es así, entonces la pregunta inevitable es otra:

¿cuántas otras veces vamos a escuchar que algo es imposible hasta que la realidad obligue al Gobierno a hacerlo?

Porque una cosa es el relato.

Y otra, muy distinta, es gobernar.

Y cuando se gobierna, tarde o temprano, la realidad golpea la puerta.

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