La deuda soberana de Estados Unidos alcanzó una cifra histórica al superar por primera vez el umbral de los 40 billones de dólares, lo que representa aproximadamente un 124% de su Producto Interno Bruto (PIB). La rapidez del incremento en los últimos seis meses ha superado las previsiones de los analistas e incrementado la preocupación sobre la sostenibilidad fiscal del país.
Factores como el aumento del gasto militar, el fallo del Tribunal Supremo que eliminó la aplicación de ciertos aranceles y el constante incremento en la cuenta por intereses —que ya supera el billón de dólares anuales— han imposibilitado, por ahora, las pretensiones de la administración del presidente Donald Trump de reducir el déficit presupuestario.
Ajustes y maniobras desde el Tesoro
Ante el incremento en los rendimientos de los bonos soberanos, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha impulsado la recompra (buybacks) de deuda a largo plazo financiada con la emisión de deuda a corto plazo. Si bien esta estrategia busca mitigar la presión en la curva de tasas de interés y aliviar los costos financieros para proyectos e hipotecas, analistas advierten que incrementa la dependencia a refinanciamientos de corto plazo, aumentando el riesgo presupuestario.
Crecimiento productivo frente al riesgo fiscal
A pesar de la gravedad de los indicadores, economistas y analistas destacan la capacidad productiva del país y el rol del dólar como la principal moneda de reserva global. El dinamismo económico de Estados Unidos, impulsado significativamente por las inversiones masivas en tecnología e Inteligencia Artificial, ha permitido a la economía afrontar tasas de interés elevadas sin caer en un escenario de impagos generalizados. Sin embargo, la falta de consenso político para recortar el gasto público o realizar reformas fiscales estructurales mantiene la atención de los mercados financieros internacionales sobre el futuro de la economía norteamericana.
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