Un ensayo realizado durante nueve campañas en campos de Córdoba mostró que el riego por goteo subterráneo puede elevar fuertemente la productividad del maíz y, al mismo tiempo, reducir el impacto de la variabilidad climática. En la campaña 2025/26 se alcanzaron rindes de hasta 17.700 kilos por hectárea.
Una tecnología que prácticamente no se ve desde la superficie está cambiando los resultados productivos del maíz en la Argentina. Se trata del riego por goteo subterráneo, un sistema que lleva el agua directamente a la zona de las raíces y que, según un estudio realizado durante nueve campañas agrícolas en establecimientos de Córdoba, permitió obtener rendimientos muy superiores a los registrados en lotes de secano.
El trabajo, desarrollado por Ura Agro, mostró una diferencia significativa entre ambos sistemas. El maíz temprano bajo riego alcanzó un rendimiento promedio de 16.750 kilos por hectárea, mientras que los lotes de secano promediaron 9.452 kilos.
La diferencia representa un incremento del 77,2%, equivalente a unos 7.298 kilos adicionales de maíz por hectárea.
Pero uno de los datos más llamativos aparece en la campaña 2025/26. En uno de los establecimientos analizados, el maíz temprano bajo riego alcanzó los 17.700 kilos por hectárea, frente a un promedio regional de aproximadamente 7.500 kilos en secano. Es decir, el rendimiento fue más del doble.
En la campaña anterior, 2024/25, el mismo sistema había alcanzado 16.100 kilos por hectárea, mientras que el promedio de los lotes de secano se ubicó en 9.220 kilos.
El agua, directamente donde la planta la necesita
El sistema de riego por goteo subterráneo, conocido como SDI, utiliza tuberías instaladas debajo de la superficie para suministrar agua directamente en la zona radicular.
La tecnología permite reducir las pérdidas provocadas por evaporación, escurrimiento y percolación y, al mismo tiempo, mejorar la eficiencia en el uso del agua y la energía.
El objetivo no es solamente conseguir un rendimiento récord en una campaña favorable. Uno de los principales beneficios señalados por los especialistas es la posibilidad de establecer un piso productivo más elevado y previsible, reduciendo la exposición del productor a períodos de sequía o a lluvias insuficientes.
Producir más sin aumentar la superficie
El resultado también plantea un cambio en la lógica de expansión agrícola. En lugar de aumentar la superficie cultivada para producir más, la incorporación de tecnología permite incrementar la producción sobre las mismas hectáreas.
Esto puede evitar costos adicionales asociados a la expansión de superficie, como infraestructura, logística y mano de obra, y mejorar los márgenes económicos del establecimiento.
Según el análisis difundido, la inversión en estos sistemas puede proyectar su recupero en aproximadamente cinco campañas, dependiendo de las condiciones productivas, financieras e impositivas de cada establecimiento.
Además, existen herramientas de incentivo a la inversión que pueden mejorar el resultado económico de los proyectos de riego.
Una tecnología con impacto estratégico
El dato de fondo es que el desafío del agro argentino ya no pasa únicamente por producir más, sino por hacerlo con mayor previsibilidad y eficiencia en el uso de recursos estratégicos como el agua y la energía.
Después de nueve campañas de evaluación, los resultados muestran que el riego subterráneo puede convertirse en una herramienta para transformar la productividad del maíz y reducir la dependencia de las condiciones climáticas.
El caso cordobés demuestra que alcanzar rindes de más de 17 toneladas de maíz por hectárea no necesariamente depende solamente de una campaña excepcional: también puede ser consecuencia de una infraestructura tecnológica que trabaja debajo de la superficie y que permite administrar uno de los factores más determinantes para el cultivo: el agua.



