El reconocido diario de EE.UU. describió la pasión albiceleste como «una adicción» que se contagia. «Un minuto estás hundido, al otro minuto en el paraíso», retrató

La locura argentina trasciende fronteras y se contagia en distintas partes del mundo, más aún durante un Mundial y con una selección que emociona a cada partido como la de Lionel Scaloni. El fervor albiceleste que se vivió en Atlanta, con la histórica remontada y victoria 3-2 ante Egipto, dejó boquiabiertos a millones de fanáticos, incluso ajenos al fútbol.
El diario The New York Times, reconocido medio de Estados Unidos, remarcó que “la locura argentina se está extendiendo en este Mundial de locos” y que la pasión de los hinchas albicelestes es un tema de conversación en múltiples países.
Las pulsaciones durante un partido de Argentina pueden elevarse considerablemente de un instante al otro, por lo que el medio estadounidense subrayó todo puede cambiar rotundamente y describió: “Un minuto estás en el suelo, hundido y deprimido. Al siguiente, estás en el paraíso, eufórico. La adrenalina, la dopamina… Es un psicodélico natural. No es de extrañar que los argentinos sigan a su selección a todas partes. Esto es más que patriotismo; es una adicción”.
“Todo el mundo te dice que no es sano, que sabes que deberías parar. Pero nada te había hecho sentir así antes, y anhelas esa sensación una y otra vez”, agregó el periodista James Horncastle, especialista que también trabaja en ESPN, quien además confesó que “el sentimiento se hizo sentir con fuerza en Atlanta el martes”.

Una montaña rusa de emociones
El citado texto de The New York Times recordó que “hace una década, la Organización Mundial de la Salud realizó un estudio muy conocido que reveló que la ciudad de Buenos Aires tenía un número desproporcionadamente alto de terapeutas: 222 por cada 100 mil habitantes” y comparó que, por la misma cifra, “Estados Unidos tenía 30”.
“Cuando ves jugar a Argentina, puedes entender por qué”, reconoció, y agregó: “Después de cada partido, necesitas hablar con alguien. Tienes que compartir lo que has vivido”.
Sorprendido por la montaña rusa de emociones que atraviesa un hincha de la selección argentina en cada partido, que necesita descargar la euforia luego del encuentro, se preguntó: “¿Me estoy volviendo loco? ¿Es esto normal? ¿Cómo puedo sobrellevarlo?”.
Argentina contra las cuerdas
Horncastle sostuvo que “los campeones del mundo se veían acorralados” cuando Egipto ganaba 2 a 0 y aseguró que se percibía que “otra sorpresa en este Mundial era inminente”. Al respecto, resaltó que Argentina venía de disputar 120 minutos de tensión ante Cabo Verde y que los Faraones la dejaron “al límite de la eliminación en octavos de final”.
“Con un 2-0 en contra en el minuto 79, el modelo de probabilidad de victoria de Opta le daba a Argentina solo un 0,6% de posibilidades de remontar. Necesitaban un milagro. Otro más”, puntualizó el periodista y expresó que “la etapa de Lionel Scaloni como entrenador parecía haber llegado a su fin”, mientras “se escribían réquiems por la trayectoria mundialista de Lionel Messi”.
Si bien “había sido uno de esos días para Argentina”, uno de esos “en los que nada sale como uno quiere”, todo estaba por cambiar y el equipo de Scaloni estaba dispuesto a escribir una de las grandes historias de la Copa del Mundo.
La remontada histórica de Argentina
“Messi miró al cielo (bueno, al techo cerrado del Mercedes-Benz Stadium) e hizo una mueca. Cuando Lautaro falló una ocasión que él mismo había creado en el primer palo, Messi cayó de bruces sobre el césped. Desconsolado. Tras jugar 120 minutos apenas cuatro días antes y superar a Cabo Verde por la mínima gracias a un autogol, era comprensible pensar que a este equipo ya no le quedaban fuerzas”, señaló el periodista estadounidense.
“Incorrecto. Argentina está loca. Justo cuando crees que están fuera, vuelven a meterse”, destacó.

La consagración de la Albiceleste en el Mundial de Qatar 2022 dejó varios episodios de definiciones no aptas para cardíacos con partidos que se definieron en los últimos segundos o en los penales. “Todo eso puede volverte loco. Pero en medio de esta locura hay un genio”, afirmó Horncastle.
La remontada de Argentina ante Egipto fue “memorable”, por lo que el periodista citó al mismísimo Tom Brady, ídolo máximo de los New England Patriots de la NFL, quien la comparó con el Super Bowl de 2017, cuando su equipo revirtió una desventaja de 28-3 en el tercer cuarto ante Atlanta Falcons. Brady asumió que la remontada encabezada por Messi y sentenciada por Enzo Fernández “podría superar” a la de los Patriots.
“En esta ocasión, solo quedaban 10 minutos. El destino del partido estaba sellado. Pero Messi, como hacen todos los grandes, lo doblegó a su antojo”, valoró Horncastle sobre el gol y la asistencia del astro rosarino para destrabar el partido. “Sorprendentemente, Egipto podría haber ganado al final. Leandro Paredes realizó una espectacular entrada providencial en un mano a mano para evitar que su equipo volviera a encajar un gol y quedara eliminado”, añadió.
Se desató la locura en Atlanta
A pesar de que “el partido parecía encaminarse a la prórroga”, el periodista remarcó que “los argentinos estallaron de júbilo” ante el preciso centro de Lautaro Martínez y el histórico cabezazo de Enzo Fernández, por el cual “Scaloni se cubrió el rostro, atónito” y Argentina “lo había vuelto a lograr”.

Horncastle citó al propio Scaloni para describir las “sensaciones y emociones incomparables que se experimentan en un partido de fútbol, especialmente para los argentinos”, que al hablar se emocionó, pero “no era la primera vez que derramaba una lágrima”.
El DT no pudo contener las lágrimas, al igual que Messi, tras el pitido final. Mucho menos en medio de “un Mundial de locos” como el que se vive en Norteamérica. “No nos cansamos. Queremos más experiencias. La mente solo puede quedar impresionada un número limitado de veces en seis semanas”.
Pero en este país las cosas se viven más a flor de piel que en ninguna otra parte. “Argentina encarna esta forma de vida. La canalizan. La adoptan. Ahora todos los demás la están adoptando. Puede que todos necesitemos descansar. ¿Alguien tiene el número de teléfono de algún terapeuta en Buenos Aires?”, concluyó el periodista para The New York Times.
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La locura de Argentina se contagia en este Mundial «loco»
Hace una década, un famoso estudio de la Organización Mundial de la Salud reveló que la ciudad de Buenos Aires tenía una cantidad desproporcionadamente alta de terapeutas: 222 por cada 100.000 habitantes. En comparación, Estados Unidos tenía 30.
Cuando uno ve jugar a Argentina, entiende el porqué. Después de cada partido, necesitás hablar con alguien. Tenés que compartir lo que acabás de vivir. «¿Estoy perdiendo la cabeza? ¿Esto es normal? ¿Cómo hago para lidiar con esto?».
En un minuto estás en el suelo, deprimido y hundido. Al siguiente, estás en el cielo, eufórico. La adrenalina. La dopamina. Es un psicodélico natural. No sorprende que los argentinos sigan a su selección a todas partes; esto es más que patriotismo, es una adicción. Todo el mundo te dice que no es sano. Sabés que deberías parar. Pero nada te hizo sentir así antes, y ansiás esa sensación una y otra y otra vez.
Ese sentimiento golpeó con fuerza el martes en Atlanta.
Al borde del abismo
Los campeones del mundo parecían eliminados. Otro golpe histórico en este Mundial estaba al caer. Después de que Cabo Verde llevara a Argentina al tiempo suplementario en la ronda anterior, Egipto los dejó contemplando una salida en octavos de final. Abajo por 2-0 ya en el minuto 79, el modelo de probabilidad de victoria de Opta le daba a Argentina apenas un 0,6 por ciento de posibilidades de lograr la remontada. Necesitaban un milagro. Otro más.
«La Scaloneta» —como se conoce al ciclo del director técnico Lionel Scaloni— parecía haber llegado a su fin. Ya se estaban escribiendo los réquiem para la carrera mundialista de Lionel Messi.
Había sido uno de esos días para Argentina. De esos en los que nada sale como querés.
Luego de quedar en desventaja, Messi erró un penal. El arquero de Egipto, Mostafa Shobeir, metió una atajada, luego otra, incluido un cabezazo a quemarropa de Alexis Mac Allister. Parecía invencible.
Cuando Scaloni intentó cambiar el rumbo reemplazando a Rodrigo De Paul y Nicolás Tagliafico por Lautaro Martínez y Nico González, Egipto, casi al instante, encontró el segundo gol en un contraataque letal. Por suerte para Argentina, el árbitro François Letexier fue llamado para una revisión en el VAR y lo anuló por una falta sobre Lisandro Martínez. Hay que reconocer que esto no desanimó a Egipto: olfatearon la vulnerabilidad en la histeria argentina y, de todos modos, marcaron el segundo.
Inmediatamente después, Messi miró al cielo (bueno, al techo cerrado del Mercedes-Benz Stadium) y mostró un gesto de dolor. Cuando Lautaro falló una chance que él mismo había generado en el primer palo, Messi cayó boca abajo sobre el césped. Desconsolado. Después de haber jugado 120 minutos hace solo cuatro días, y de haber pasado raspando contra Cabo Verde gracias a un gol en contra, a cualquiera se le hubiera perdonado pensar que a este equipo no le quedaba nada en el tanque.
Se equivocarían. Argentina está loca. Justo cuando pensás que están fuera, se meten de nuevo en la pelea.
En medio de la locura, un genio
Así fue como ganaron el Mundial anterior en Qatar hace cuatro años. Partidos jugados al filo de la navaja. Cruces de eliminación directa llevados hasta las últimas consecuencias. Tandas de penales para definir los cuartos de final contra Países Bajos y la final contra Francia. Todo eso te puede volver loco. Pero en medio de esta locura, hay un genio.
La remontada de Argentina fue tan descomunal que incluso Tom Brady publicó en X: «Esto podría superar el 28-3», en referencia al Super Bowl de hace nueve años, cuando lideró a los New England Patriots hacia otro título de la NFL venciendo a los Falcons de Atlanta tras remontar esa desventaja récord en el tercer cuarto.
En esta ocasión, solo quedaban 10 minutos. Primero, Messi tiró un centro para que Cristian Romero la cabeceara por encima de Shobeir. Luego, Messi reventó el arco para sellar el empate con un tiro que dio en el travesaño antes de entrar. El destino de este partido ya estaba escrito, pero Messi, como hacen todos los grandes, lo moldeó a su voluntad.
El desahogo final
Increíblemente, Egipto pudo haberlo ganado en el final. Leandro Paredes metió un cierre providencial y agónico en una situación de mano a mano para evitar que su equipo concediera otro gol y quedara eliminado. El partido, a esa altura, parecía destinado al tiempo suplementario. Pero no hizo falta llegar tan lejos. Ya en el tiempo de descuento, Lautaro tiró un centro para Enzo Fernández y los argentinos deliraron. Scaloni se cubrió la cara, conmocionado. Lo habían hecho de nuevo.
«Las sensaciones que te da, las emociones que te genera un partido de fútbol, especialmente a nosotros los argentinos, no se comparan con nada más», dijo Scaloni más tarde. «Que estemos recreando estas emociones es algo increíble. Soy entrenador para momentos como este. Todavía no estamos en una final ni nada, pero el calibre de lo que vimos hoy es comparable a muchas cosas que ya hemos vivido».
No fue la primera vez que se le escapó una lágrima.
«Siempre soy emocional», admitió Scaloni. «A veces, cuando se ven algunas lágrimas en las imágenes, me llaman llorón, pero está bien».
Messi también se quebró, rompiendo a llorar tras el pitazo final. Cuando se secó los ojos, dijo: «Fue una locura lo que hizo este grupo en esta ronda de eliminación».
Un Mundial fuera de control
Mirándolo en retrospectiva, hay que decir que este viene siendo el Mundial de la locura. Es el meme de «un día normal en el fútbol» adaptado al torneo más grande de todos. No nos cansa, queremos más. Queremos más experiencias como la de Inglaterra en el Azteca o Bélgica remontando un 2-0 a falta de cinco minutos contra Senegal para terminar ganando, por no hablar de Paraguay eliminando a Alemania. Queremos menos noticias sobre visas revocadas, horarios de inicio cambiados para después quedar igual, y tarjetas rojas anuladas.
La cabeza solo puede estallar una cantidad limitada de veces en seis semanas.
Argentina encarna esta forma de vivir. La canaliza. La abraza. Y ahora, todos los demás se están contagiando.
Es posible que todos necesitemos acostarnos un rato. ¿Alguien tiene a mano el número de uno de esos psicólogos de Buenos Aires?



