El plan, estructurado por la actual conducción de la empresa estatal, contempla lanzar una Oferta Pública Inicial (OPI) para vender el 90% de las acciones. La medida había quedado paralizada durante la gestión de Manuel Adorni.
Buenos Aires. — Tras asumir al frente de la Jefatura de Gabinete, Diego Santilli se topó con una serie de expedientes postergados de la administración de su predecesor, Manuel Adorni. Entre los temas más urgentes de la agenda oficial figura el ambicioso diseño de privatización del Correo Argentino a través de su salida a la Bolsa de Comercio, un proyecto estratégico que ya cuenta con el diseño técnico listo pero aguardaba el visto bueno de la Casa Rosada.
El plan, elaborado meticulosamente por la conducción actual de la compañía postal, contempla una Oferta Pública Inicial (OPI) para transferir al sector privado el 90% del paquete accionario que hoy retiene el Estado Nacional. Conforme explicaron fuentes gubernamentales, el 10% restante de la firma se reservaría para el programa de propiedad participada de sus propios trabajadores.
La metodología elegida representa un hito sin precedentes para el entramado público nacional. Dentro del Ejecutivo la califican como «bastante novedosa a nivel mundial» para este sector, aunque su viabilidad final sigue sujeta al engranaje de decisiones conjuntas entre la reconfigurada Jefatura de Gabinete y el Ministerio de Economía.
División de activos y saneamiento fiscal
El esquema ideado no contempla una venta lineal, sino que plantea una partición clave de la empresa en dos unidades independientes:
- La operatoria postal y logística: que constituye el núcleo operativo del Correo.
- El patrimonio inmobiliario: una nueva sociedad que agrupará las cerca de 900 propiedades distribuidas en todo el territorio argentino y que cotizará también en el mercado bursátil.
Las expectativas oficiales se sostienen sobre la sensible mejora en el balance contable de la entidad lograda en los últimos veinticuatro meses. Luego de reportar un déficit superior a los $200.000 millones de pesos al cierre de 2023, la firma dio un vuelco drástico y consolidó una ganancia neta de 250 millones de dólares el año pasado.
Gran parte de este saneamiento financiero obedeció al fuerte ajuste estructural aplicado desde 2024, que incluyó una partida especial de 150 millones de dólares provista por el Palacio de Hacienda para financiar un masivo esquema de retiros voluntarios. Dicha política logró achicar la plantilla laboral de 16.000 a 11.000 empleados.
A pesar de que el Correo Argentino ya no demanda asistencia del Tesoro Nacional e incluso se halla en condiciones de reportar dividendos, la directiva política del gobierno se mantiene inflexible respecto a deshacerse de la compañía.
Los ruidos en el negocio del Courier
No obstante las cifras positivas, la firma debió capear turbulencias comerciales generadas por la propia interna oficialista. La agresiva desregulación en el mercado de mensajería internacional (courier) impulsada por Federico Sturzenegger erosionó el posicionamiento del Correo estatal en favor de los prestadores privados. Como consecuencia directa de esa medida, el Correo Oficial sufrió la pérdida del 80% de su facturación en ese segmento de negocio, un factor que ahora Santilli y las autoridades del área deberán sopesar al momento de fijar el valor de las acciones de cara al mercado local y extranjero.



