Villa Mazán volvió a ser noticia por una razón que jamás debería naturalizarse: el avance del agua, el desborde del río La Punta, el barro entrando a las casas, la angustia de familias que en cuestión de minutos vieron cómo la tranquilidad cotidiana se transformaba en preocupación, miedo e incertidumbre. Quince familias, quince historias, quince realidades atravesadas por una emergencia que no distingue ideologías ni discursos de ocasión.
Frente a este escenario, es justo reconocer el trabajo coordinado del Comité de Emergencia de La Rioja. Policías, bomberos, personal de salud, Defensa Civil, Vialidad, Edelar, municipios, voluntarios y organismos provinciales pusieron el cuerpo para despejar rutas, limpiar viviendas, restablecer servicios y asistir a quienes más lo necesitaban. Cuando el agua baja, lo que queda es el esfuerzo colectivo y la solidaridad concreta.

Pero también queda algo más: la presencia —o la ausencia— de la dirigencia política.
En Villa Mazán estuvo la senadora nacional Florencia López. Y no estuvo solo desde su rol institucional, sino también desde su pertenencia. Nacida en el departamento Arauco, caminó el lugar de los hechos, habló con los vecinos, escuchó reclamos, miró a los ojos a quienes hoy no piden discursos sino soluciones. Esa presencia no es un detalle menor. En política, estar no es lo mismo que opinar desde lejos. Estar implica escuchar, comprometerse y hacerse cargo.

En contraste, desde Buenos Aires, el diputado libertario por La Rioja, Martín Menem, eligió otro camino: una publicación en redes sociales con una frase rimbombante —“La Rioja se está despertando”— mientras en su provincia había familias con el agua dentro de sus casas. La pregunta surge sola y retumba con fuerza: ¿por qué no vino? ¿Por qué no se acercó a Villa Mazán, a escuchar a esos vecinos, a conocer en primera persona lo que ocurre cuando llueve en el norte argentino?
No hablamos de un dirigente menor. Hablamos del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, tercera persona en la línea de sucesión presidencial. Desde ese lugar, tiene herramientas, contactos y capacidad política para gestionar recursos, para articular ayudas, para golpear puertas. Para representar a La Rioja más allá de un posteo.
Es fácil criticar desde la vereda de enfrente. Es cómodo señalar, opinar, esperar aplausos virtuales y pensar en la próxima elección. Lo difícil es embarrarse los zapatos, dar explicaciones, comprometerse con los problemas reales. Y quizás ahí esté la respuesta a otra pregunta que muchos riojanos se hacen: ¿por qué nuestra provincia no ha recibido fondos extra coparticipables desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei, cuando sí fueron enviados recursos excepcionales a otras provincias del país?
La Rioja atraviesa emergencias climáticas, económicas y sociales. No pide privilegios. Pide equidad, presencia y gestión. Pide que quienes fueron elegidos para representarla lo hagan en los momentos difíciles, no solo en campaña ni en redes sociales.

Hoy, en Villa Mazán, la diferencia fue clara. De un lado, una senadora que estuvo, escuchó y acompañó. Del otro, un diputado ausente, cómodo en la distancia. Y en el medio, la gente, que no se despierta con slogans, sino con soluciones.
Porque al final del día, la política se mide ahí: en el barro, en la lluvia, en la casa inundada. Todo lo demás es relato.
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