El helio, el segundo elemento más abundante del universo, comienza a ocupar un lugar central en la agenda internacional debido a la reducción de su oferta y a su creciente importancia para industrias clave como la inteligencia artificial, la medicina y la electrónica avanzada. Aunque representa cerca del 24% de la materia de la galaxia, en la Tierra este gas es limitado y difícil de obtener, lo que genera preocupación por su abastecimiento.
Según especialistas, gran parte del helio que existía en el planeta se perdió hace millones de años debido a su extrema ligereza. Al liberarse, el gas asciende y escapa de la atmósfera, disipándose en el espacio. Esta característica, sumada a que es un gas noble e inerte y que posee el punto de ebullición más bajo de la tabla periódica —requiere temperaturas cercanas a los 269 grados bajo cero para licuarse—, hace que su almacenamiento y manejo resulten complejos.
El tema volvió a cobrar relevancia luego de que el cierre selectivo del estrecho de Ormuz redujera aproximadamente un 30% la oferta mundial de helio, en un contexto donde la demanda crece sostenidamente. El gas es esencial para la fabricación de microchips avanzados, fundamentales para el desarrollo de la inteligencia artificial, y también para la producción de fibra óptica y procesos de litografía en la industria tecnológica.
Además, el helio tiene usos críticos en el sector de la salud. Se emplea para enfriar los imanes superconductores de los equipos de resonancia magnética, cada uno de los cuales requiere alrededor de 2.000 litros. En el mundo existen unas 35.000 máquinas de este tipo, lo que convierte a los hospitales en los mayores consumidores del recurso. También se utiliza en airbags de vehículos, soldaduras especiales y para presurizar tanques de combustible en cohetes que ponen satélites en órbita.
La producción mundial está altamente concentrada. Estados Unidos lidera con cerca del 40% del mercado, seguido por Qatar con más del 30%, Rusia con el 15% y Argelia con el 8%. Entre estos cuatro países reúnen alrededor del 93% del helio disponible. Del lado de la demanda, China encabeza el consumo con el 31%, seguida por Estados Unidos con el 28%, mientras que Taiwán y Corea del Sur absorben conjuntamente otro 18%, principalmente para la industria de semiconductores.
Ante eventuales problemas prolongados de suministro, se anticipan impactos en los precios de productos electrónicos, posibles demoras en lanzamientos espaciales y un eventual racionamiento que priorice el uso médico. Algunas fábricas de microchips ya implementan sistemas de recuperación del gas, aunque su ligereza dificulta su reutilización. También existen equipos médicos que no utilizan helio, pero su costo es considerablemente mayor.
Por el lado de la oferta, los nuevos proyectos avanzan lentamente. En Tanzania se descubrió en 2016 el primer yacimiento donde el helio es el recurso principal, aunque todavía no está operativo. China también identificó reservas en la bahía de Bohai, sin producción activa por el momento. Actualmente, el helio se obtiene como subproducto de explotaciones de gas natural y no todos los yacimientos contienen concentraciones rentables.
La posibilidad de producir helio artificialmente tampoco es viable por ahora. En la Tierra, se genera de forma natural por la desintegración de elementos radioactivos como el uranio, mientras que en el universo se produce mediante la fusión nuclear en las estrellas. Esta combinación de escasez, alta demanda y dificultades para incrementar la producción posiciona al helio como un recurso estratégico que comienza a sumarse a las tensiones geopolíticas globales.
