jueves, septiembre 10, 2026
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Editorial | La Fuerza de la Tierra y el Trabajo contra la recesión y caída de la Industria

Hoy los números del INDEC no mienten: nos duelen en el bolsillo y en la dignidad. Estamos ante un país hemipléjico. Un país donde la recesión se volvió una condena diaria para las pymes, los obreros y las familias de a pie. La industria se desbarranca casi un 5%, la construcción se paraliza y el desplome en la maquinaria agrícola o el textil supera los dos dígitos. Les dicen a las pymes y a los trabajadores que si no cruzan el desierto es porque «no supieron competir».

¡No hay mayor crueldad que pedirle a un pueblo sin trabajo que compita con el estómagos vacío!

Nos han impuesto una economía donde los alimentos son impagables y las tarifas se comen hasta el último centavo del sueldo. Nadie puede ahorrar, nadie puede consumir, y cuando no hay demanda, la rueda de la patria se detiene. El mercado interno no es un lujo de teóricos; es la peluquería del barrio, la zapatilla para los pibes y el plato de comida caliente sobre la mesa familiar.

¡Pero la resignación no es un destino argentino! Mientras el modelo vigente propone un país ajustado para diez millones y el olvido para los demás, emerge con claridad histórica la única fuerza capaz de devolverle el rumbo y la cobija a los sectores más vulnerables: el peronismo.

El peronismo no es un sello formal ni una burocracia de elite; el peronismo es el movimiento popular organizado. Es la alianza invencible entre el trabajador, la mujer, el estudiante, el pequeño empresario y el científico. Y devolverle la esperanza al pueblo no requiere fórmulas mágicas, sino la valentía política de poner las prioridades donde corresponde.

Hay que desacoplar el precio del pan de las especulaciones internacionales. La mesa de las familias argentinas se defiende con decisión: precios justos para la carne, la leche y la verdura, garantizando que el salario alcance para vivir y no solo para subsistir. Hay que poner la energía, nuestros recursos naturales y nuestro petróleo al servicio de la producción nacional, bajando los costos para que la fábrica vuelva a encender sus chimeneas y las máquinas de los talleres vuelvan a sonar.

No estamos condenados al desierto de la especulación financiera ni a ver a nuestros abuelos elegir entre el medicamento o la comida. El verdadero motor de la Argentina es el ahorro nacional transformado en trabajo genuino, en autopistas, en viviendas y en escuelas abiertas.

Frente a la parálisis y el frío de las planillas de cálculo, está la potencia colectiva de un pueblo que sabe ponerse de pie. La verdad económica no reside en arrodillarse ante los mercados externos, sino en poner la economía al servicio de la justicia social. Es tiempo de que la organización popular tome las riendas y reconstruya la casa común. Porque cuando el peronismo se organiza, el trabajo regresa, la comida vuelve a la mesa y la esperanza de la patria se vuelve invencible.

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