La falta de redes de contención, el miedo a perder la custodia de sus hijos y un profundo estigma social actúan como barreras invisibles que impiden a las mujeres con adicciones buscar ayuda terapéutica.
El consumo problemático de sustancias es una realidad compleja que afecta a miles de personas, pero cuando se cruza con la maternidad, el problema entra en una dimensión de profundo aislamiento. Especialistas y trabajadores de la salud mental advierten sobre «el silencio» que rodea a las madres que atraviesan situaciones de adicción, un fenómeno invisibilizado por el prejuicio y la falta de abordajes con perspectiva de género.
A diferencia de los varones, las mujeres que padecen adicciones y tienen hijos a su cargo enfrentan una doble condena: la de la adicción misma y el severo juicio social que las etiqueta como «malas madres«. Este estigma, lejos de motivar una solución, funciona como un mecanismo de expulsión del sistema de salud.
El miedo como barrera
De acuerdo con diversos análisis de profesionales del área de adicciones, el principal motivo por el cual las mujeres ocultan su situación y dilatan la búsqueda de asistencia es el miedo crónico a ser denunciadas y a perder la custodia de sus hijos. Al no existir en muchos casos dispositivos que permitan realizar tratamientos ambulatorios o de internación junto a sus niños, las madres se ven obligadas a elegir entre su salud o permanecer al cuidado de sus familias.
«El sistema penal y de salud muchas veces responde desde la punición y no desde la salud pública», señalan expertos en la materia. Cuando una madre consume, los entornos afectivos suelen romperse o juzgar de manera implacable, dejando a la mujer en una situación de extrema vulnerabilidad y soledad.
Urgencia de políticas con perspectiva de género
Para romper este muro de silencio, los especialistas coinciden en que es urgente transformar la manera en que el Estado y la sociedad intervienen. Se necesita pasar de una mirada moral y punitiva a una estrategia de acompañamiento integral. Esto incluye:
- Creación de espacios de tratamiento adaptados: Dispositivos terapéuticos que contemplen espacios de cuidado para los hijos mientras las madres realizan sus tratamientos.
- Capacitación comunitaria: Fortalecer las redes de los barrios para detectar situaciones de vulnerabilidad de manera temprana, sin recurrir a la criminalización inmediata.
- Abordaje integral: Atender las causas subyacentes del consumo en las mujeres, que muchas veces están ligadas a historias de violencia de género, abuso o precarización económica.
Visibilizar «el silencio» que rodea a esta problemática es el primer paso indispensable para comprender que la recuperación de una madre no solo salva una vida, sino que garantiza el bienestar integral y el futuro de sus hijos.
1. Perspectiva Global: El doble estándar y las «barreras de acceso»
A nivel internacional, los estudios criminológicos, psiquiátricos y de salud pública coinciden en que las adicciones en mujeres se analizan bajo un sesgo punitivo institucional. No se las mira solo como pacientes con una patología de salud mental, sino como transgresoras del rol social de protección y cuidado.
Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC): En sus informes globales de salud y género, el organismo señala de forma persistente: «A nivel mundial, solo 1 de cada 5 personas en tratamiento por adicciones es mujer, a pesar de que representan un tercio de los usuarios de drogas. Las mujeres con hijos enfrentan barreras sistémicas únicas: el temor a perder la custodia legal y la falta de servicios de guardería o centros de internación que les permitan ingresar junto a sus hijos.»
- El aporte de la investigación forense y pericial: Peritos en psicología forense que intervienen en litigios familiares y de custodia advierten que los tribunales tienden a judicializar de inmediato la maternidad cuando hay sustancias de por medio. La Dra. Gisela Hansen (psicóloga experta en adicciones y género de la Red de Atención a las Adicciones de España) explica que el estigma actúa como un mecanismo que retrasa la búsqueda de ayuda médica un promedio de entre 5 y 7 años más en comparación con los varones. Las madres prefieren la clandestinidad del consumo antes que arriesgarse a una intervención de los servicios sociales que desintegre su hogar.
2. Foco en Argentina: Invisibilidad, vulnerabilidad y violencia institucional
En Argentina, la problemática adopta ribetes alarmantes debido a factores de vulnerabilidad socioeconómica y a la falta de infraestructura de salud intermedia que responda a la Ley Nacional de Salud Mental (N° 26.657).
Las investigaciones locales reflejan que las instituciones de salud y seguridad en ocasiones ejercen violencia obstétrica e institucional sobre las gestantes o madres usuarias de drogas.
Investigación «Entre la invisibilidad y el estigma» (CONICET / Intercambios Asociación Civil): Dirigido por investigadoras argentinas como la Lic. Manuelita Diez y la Dra. María Pía Pawlowicz, este riguroso estudio cuali-cuantitativo en hospitales públicos del Área Metropolitana de Buenos Aires y el interior arrojó datos crudos sobre las vivencias de estas madres: «Las mujeres embarazadas y puérperas suelen ocultar su consumo por temor a ser juzgadas y criminalizadas. En los entornos sanitarios, persisten tratos despectivos y violentos por parte del personal de salud, quienes configuran una doble discriminación: por la condición de pobreza y por el uso de sustancias.»
El mismo informe recopila testimonios periciales y clínicos de pacientes que ilustran el maltrato: «…me trataron mal por ser consumidora y madre al ser mi niña prematura» o «…me gritaban ‘puta drogadicta’ durante el parto».
- El factor de la exclusión social: Las investigadoras Vanesa Jeifetz y Lucía Lascialanda, en su análisis para la Universidad Nacional de Lanús («De eso no se habla», 2020), determinan que el sistema de salud argentino está diseñado para un «usuario universal abstracto» (asumiendo que es un varón o una mujer sin cargas familiares). Al no haber guarderías en las comunidades terapéuticas públicas o sistemas ambulatorios flexibles, asistir a una terapia significa para la madre abandonar las tareas de cuidado que la sociedad le exige de forma exclusiva.
- La complejidad de los sectores vulnerables (El paco y las adicciones severas): Estudios clínicos en hospitales materno-infantiles de la provincia de Buenos Aires (como las investigaciones de la UBA sobre usuarias de pasta base/paco) demuestran que el consumo en barrios vulnerables está estrechamente ligado a historias previas de abuso sexual infantil, desamparo económico y violencia de género.
Conclusión Analítica: ¿Qué dicen los peritos que se necesita?
Tanto los peritos judiciales que dictaminan sobre la idoneidad familiar en los juzgados de familia de Argentina, como los investigadores médicos, coinciden en un diagnóstico común: el castigo no cura la adicción.
Para romper el silencio, el consenso científico propone:
- Despenalizar la consulta médica: Que una madre confiese que consume no debe activar automáticamente una alarma de retiro de custodia, sino un protocolo médico preventivo y de asistencia.
- Unidades de Internación Conjunta: Espacios de salud mental donde las madres puedan vivir con sus hijos pequeños mientras realizan su rehabilitación (dispositivos que son extremadamente escasos en Argentina).
- Perspectiva de género obligatoria: Capacitar al personal de las guardias de hospitales para que dejen de ver a la paciente como una «criminal que daña a su hijo» y comiencen a verla como un sujeto de derecho que necesita un tratamiento de salud integral.

