El corazón comercial de la ciudad de La Rioja atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Un relevamiento reciente encendió las alarmas entre comerciantes y empresarios: actualmente hay más locales vacíos que durante la pandemia, una señal que refleja la profundidad de la retracción económica y el impacto sobre el consumo.
El estudio, realizado por el Centro Comercial e Industrial durante el último fin de semana largo, analizó el cuadrante delimitado por las avenidas Juan Domingo Perón, Facundo Quiroga, Gobernador Gordillo y la calle 8 de Diciembre, es decir, el principal núcleo de actividad económica de la capital provincial. Allí se contabilizaron 1.871 comercios, de los cuales 243 se encuentran vacíos, lo que representa un 13,6% del total.
La cifra supera ampliamente el nivel considerado normal para zonas comerciales consolidadas, que suele ubicarse entre el 5% y el 6%. También resulta más alta que la registrada durante el período más crítico de la pandemia, cuando el porcentaje de locales sin actividad rondaba el 10%.
Un indicador visible de la recesión
El aumento de persianas bajas no es sólo una estadística: también modifica la fisonomía del microcentro. Comerciantes advierten que la continuidad comercial se ve interrumpida, disminuye la circulación de clientes y se genera un efecto dominó que golpea a los negocios que aún permanecen abiertos.
Detrás de esta situación aparece una combinación de factores económicos que presiona a los pequeños y medianos comercios. Entre los principales, se mencionan la caída del consumo, el incremento de los costos fijos y la dificultad para afrontar alquileres, servicios y reposición de mercadería. En muchos casos, la ecuación deja de ser viable y obliga a cerrar.
El fenómeno no es aislado. En informes recientes, representantes del sector ya habían advertido que el consumo se contrajo fuertemente y que sostener un local comercial se volvió cada vez más complejo, incluso en fechas que históricamente impulsaban las ventas. La prioridad de las familias en gastos esenciales redujo la demanda en múltiples rubros.
Costos en alza y rentabilidad en caída
Además de la caída de ventas, los comerciantes señalan que los costos operativos continúan en aumento. Tarifas de servicios, alquileres elevados y gastos de funcionamiento presionan sobre márgenes ya reducidos. En ese contexto, muchos negocios optan por achicarse, trasladarse a zonas periféricas o directamente cerrar sus puertas.
El resultado es un paisaje urbano que cambia con rapidez: locales vacíos, menor movimiento peatonal y una percepción de retracción que retroalimenta la crisis. Según referentes del sector, cada cierre implica no sólo la pérdida de una actividad económica, sino también empleo y sustento para familias que dependen del comercio.
Un termómetro del clima económico
Históricamente, el nivel de ocupación de los locales comerciales funciona como un indicador sensible de la actividad económica. Cuando el consumo se retrae, el impacto se vuelve visible primero en los centros urbanos. El dato de que hoy haya más locales vacíos que durante la pandemia —un período marcado por restricciones y caída abrupta de la actividad— refuerza la gravedad del momento.
Mientras tanto, comerciantes y cámaras empresariales advierten que la recuperación dependerá de una mejora del poder adquisitivo y de condiciones que permitan sostener la actividad. Hasta entonces, el microcentro riojano continúa mostrando una postal cada vez más frecuente: persianas cerradas donde antes había movimiento, un síntoma directo de la crisis comercial que atraviesa la ciudad.

