La situación del crédito en Argentina encendió señales de alerta en la denominada “City” financiera, luego de que se conociera que la fintech Ualá registra niveles de morosidad que podrían alcanzar el 40% de su cartera de préstamos, en un contexto de fuerte deterioro del sistema en general.
El dato surge de análisis basados en información del Banco Central y fue difundido por especialistas del mercado, lo que generó preocupación entre inversores y analistas por el impacto que podría tener en el ecosistema fintech.
Un problema que excede a una empresa
Más allá del caso puntual, los indicadores reflejan una tendencia más amplia: la morosidad en créditos a familias viene en alza desde hace más de un año y alcanzó el 10,6% en enero de 2026, el nivel más alto en más de dos décadas.
En el segmento de entidades no financieras —donde operan fintech, tarjetas y plataformas digitales— la situación es aún más crítica, con niveles de irregularidad superiores al 27%.
Esto evidencia un escenario de estrés crediticio generalizado, asociado a la caída del consumo, el encarecimiento del financiamiento y la pérdida de poder adquisitivo.
El caso Ualá y la polémica por los datos
El foco del mercado se concentró en Ualá luego de que un informe viral indicara que su morosidad total rondaría el 40%, con picos incluso mayores en algunos segmentos: cerca del 43% en su cartera bancaria y hasta el 63% en la no financiera.
Sin embargo, desde la empresa relativizaron estas cifras y explicaron que están distorsionadas por cambios en su modelo de negocio. Según detallaron, la fintech dejó de otorgar créditos bajo esquemas anteriores y concentró su cartera en su banco, lo que genera que el stock actual tenga mayor proporción de deudores en mora.
Además, señalaron que, a diferencia de los bancos tradicionales, aún no aplicaban mecanismos de “write-off” (eliminación de créditos incobrables de los balances), lo que eleva artificialmente los indicadores. Bajo criterios comparables, aseguran que la morosidad real se ubicaría entre el 17% y 18%.
Tasas altas y menor capacidad de pago
El deterioro del crédito está fuertemente vinculado al costo del financiamiento. Actualmente, las tasas reales siguen siendo elevadas: los préstamos personales en bancos presentan tasas efectivas cercanas al 40%, mientras que en entidades no financieras pueden escalar hasta el 150% anual o más.
Este escenario genera una “trampa” para los deudores: aun cuando la inflación desacelera, el peso real de las cuotas aumenta, complicando la capacidad de pago de los hogares.
Riesgo para el consumo y el sistema
Analistas advierten que, si esta tendencia continúa, podría consolidarse un proceso de exclusión financiera, limitando el acceso al crédito en un momento clave para la reactivación económica.
En este marco, el caso de Ualá se convirtió en un símbolo de una problemática más profunda que atraviesa a todo el sistema: el creciente endeudamiento de los hogares y las dificultades para sostener el pago de sus obligaciones.
